A veces realizar listas resulta útil. Otras veces es aventar las cenizas del infierno. Hoy relataré una nada modesta relación de cosas que me gustan y me disgustan. Me gustaría que, antes de leerla, toméis la prudente decisión de abrocharos vuestros intestinos de seguridad. Ahí va:
1.— Me gustan los seres que sangran y mueren; y también los corazones que se paran sin más, sin avisar: corazones rebeldes en la Era de la Clarividencia.
2.— No me gusta la muerte de los seres —y separemos ser de estar—, a no ser que dichos seres me disgusten. Pero más me disgusta que los seres que odio se empeñen en escribir miles de veces en una pizarra: No quiero morir. Yo siempre quiero que ellos quieran.
3.— Me gustan los besos. Me gustaría que me besaran todo el día (Rectifico: me gustaría que me besaran no-fumadores, monobesadores y funambulistas de la soledad; aunque también se aceptan fetichistas de las aceras y adictos a 4'33'').
4.— No me gusta el marrón, ni las tiendas de ropa que solo pueden ser llamadas «tiendas de ropa». Tampoco me gustan los libros llenos de letras y fractales de mediocridad.
5.— Me gusta la poesía y la forma que tiene Bach de pronunciar «Dios».
6.— Odio los sobrios museos de prosa petrificada y la desmitificación del ser que aspira a la eternidad.
7.— Adoro las orquídeas y los tomates en descomposición.
8.— Odiaría hacer listas si no fuera porque las hago y porque otros muchos ya han dicho esa frase. Odio la gente que odia porque otros aman.
9. Añado un punto nueve porque no me gusta el ocho.
10.— Todavía no sé si odiarte si has descubierto que al punto anterior le falta el guión que le correspondía.
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