sábado, 11 de abril de 2015

Una historia alternativa al diseño inteligente: Tiranía de los Elementos. Parte I

No quiero entrar en cientificismos ni xenoconspiraciones; así que sin más disculpas previas, por muy necesarias que sean, iré directo al asunto: creo poder formular una teoría  alternativa e igual de plausible a la que los católicos defienden a través del llamado «Diseño Inteligente». Para ello tomaré varios de los argumentos usados comúnmente a su favor y los haré propios en esta reformulación  de la teoría que he denominado como «Tiranía de los Elementos»

La mayoría de los defensores de la teoría del «Diseño Inteligente» —aunque, cabe destacar, que no todos lo hacen— toman a un solo dios como poseedor del impulso generador de fuerza infinita, así como arquitecto supremo de una gran obra divina a la que llamamos «vida».

Mi teoría se basa en la fuerza de varios dioses creadores a los que he denominado «elementos». Estos, como cualquiera de los dioses monoteístas, tienen una pulsión replicadora más que voraz. Podríamos decir que todos ellos tienen como objetivo la anexión del Universo; que el Universo sea propio, que sea su propio cuerpo. Tomando algunas ideas prestada, aunque con cierta distancia, de Spinoza, podríamos decir que Dios, tras expulsar a las tinieblas, al traer la creación al mundo, se convierte en su propia creación. El mundo —él— es una sola creación que se recrea a cada unidad de tiempo. El dios creador es ese gran espejo que se refleja a sí mismo un número infinito de veces. Y nuestros elementos, como manifestaciones de tales deidades son, en sí mismos, también espejos que buscan la réplica infinita que desotrifique el Universo. Así que, para comenzar la teoría, supondremos que nuestros elementos son seres con un valor de vanidad que tiende a infinito.

Son sobradamente conocidos los ciclos por los cuales los elementos — nos referimos aquí al carbono, nitrógeno, hidrógeno...; y en ningún caso a fuego, aire, agua...y pedimos perdón a los presocráticos— tienden a combinarse y liberarse, a caer o escapar de sus sumideros correspondientes. Estos ciclos químicos se producen, con pasos muy diferentes, tanto en nuestro planeta como en otros. Plantearemos como hipótesis una posible disputa entre elementos por la supremacía química: una lucha de dioses a toda escala; con armas de todo tipo: desde combustiones a sublimaciones, puentes de hidrógeno desapareciendo sin compasión alguna...ciertamente, da para un guión de Hollywood.

En resumen, imaginemos, por un momento, cómo sería una cosmogonía semejante a la de Hesíodo en la que los dioses y su influencia son sustituidos por elementos que ventriloquizan el relato mitificador con el igualmente mistérico discurso de la química.


...CONTINUARÁ





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